¿Alguna vez has sentido que cargas con un peso invisible? Como si tus emociones fueran una mochila llena de piedras que no logras dejar en el suelo. Me pasó hace un tiempo, y la verdad es que pensé que solo era cansancio, hasta que entendí que lo que arrastraba era más profundo.
Me acuerdo que un día, después de una semana muy intensa, alguien me dijo: “pareces apagado, como si no fueras tú mismo”. Esa frase me hizo reflexionar. No era solo estrés; era algo que necesitaba limpiar desde adentro.
No voy a darte una definición de manual porque no es la idea. Piensa en ello como un “reset” emocional y energético. Es como cuando abres las ventanas después de mucho tiempo y dejas que entre aire fresco.
Se trata de liberar la mente y el corazón de cosas que ni siquiera sabías que cargabas: resentimientos, tristezas viejas o hasta miedos que no has resuelto.
Un ejemplo: recuerdo la primera vez que probé una de estas limpias en chicago. Al principio dudaba mucho, hasta pensaba “esto no es para mí”. Pero durante el ritual sentí algo raro, como si una parte de mí se quitara un abrigo demasiado pesado. Esa sensación me acompañó varios días.
Otra manera de hacerlo es desde casa: encender una vela, respirar profundo, incluso escribir en un papel lo que quieres dejar ir y luego quemarlo (con cuidado, claro). Puede sonar simbólico, pero créeme, ayuda bastante.
Es como cuando limpias un cuarto lleno de cajas viejas. Al principio no sabes ni por dónde empezar, pero cuando quitas la primera, el resto fluye. Así pasa con las emociones guardadas.